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Argentina y Chile comparten una de las fronteras más extensas del mundo, cuya delimitación ha originado tensiones diplomáticas durante cerca de dos siglos. Ambos países, sin embargo, han logrado sortear las crisis que han vivido con flexibilidad e inteligencia política. En los últimos años las relaciones argentino-chilenas se han estrechado y comienzan a visibilizarse los resultados de un proceso de integración cada vez más acentuado.
Este proceso ha sido estudiado en profundidad en una obra recientemente publicada por el embajador Adolfo Zaldívar, cuya versión digital ha sido incorporada a la Biblioteca Virtual de Apuntes Internacionales.
En este ensayo interpretativo se analiza las grandes etapas que ha vivido el proceso de integración argentino-chileno. La expectativa del autor es que esta experiencia pueda transformarse en un referente para los países sudamericanos.
En el prólogo de “Integración Chile – Argentina: desafío del siglo XXI” el embajador Zaldívar aclara los alcances de su obra:
“La integración de Chile y Argentina debe considerarse como un objetivo geopolítico ineludible para ambos países. Para Argentina, el lograr, junto con nosotros, llevar las fronteras allende el Océano Pacífico; para Chile, junto con ellos, llegar al corazón de Sudamérica.
El origen de la integración tiene raíces más antiguas que el nacimiento mismo de nuestros Estados nacionales. Los pueblos originarios no conocían fronteras. La Conquista española del interior argentino, en una buena parte, se inició desde Chile. En la Colonia la relación era fluida con todo el noroeste argentino. Cuyo era parte de la Capitanía General de Chile. La independencia de ambos países se consolidó en un esfuerzo común. Y, el siglo pasado da cuenta de la masiva migración de trabajadores chilenos al sur trasandino.
Permanentemente, en nuestra historia, ha primado entre nosotros la voluntad del encuentro por sobre el conflicto.

Para muchos, entre los que me cuento, ésta es una de las motivaciones políticas más importantes. Valoramos la necesidad de integración desde cuando luchábamos por recuperar la democracia y entendemos ésta como el marco necesario para llevarla adelante.
En estos años de presencia democrática, si bien hemos tenido algunas desavenencias producto de situaciones contingentes, éstas han sido muy menores respecto a la profundización de nuestras relaciones en todos los planos. Siempre ha primado la voluntad del reencuentro continuo.
Las dirigencias de ambos lados de la cordillera, ya han tomado plena conciencia de que es preciso pasar a una franca integración entre ambas naciones y proyectarla al resto del continente. En parte, esto ha sido producto de entender que los desafíos de la actual globalización no podemos enfrentarlos separadamente. Más aún, se ha comenzado a sentir que la gente común ya se ha vinculado y reclama de sus autoridades unas mejores políticas que permitan consolidar lo avanzado.
Este fenómeno se siente con mayor intensidad en nuestras provincias y regiones; particularmente en espacios fronterizos, en donde la vinculación es natural y viene de mucho antes.
Las personas sienten que con la integración, no sólo progresará su entorno más directo, sino que en general habrá una mejor calidad de vida. Más y mejor integración es el desafío de nuestro tiempo y sin duda debe ser la propuesta política de los próximos años”.
Foto: Por Jason Jones, licencia Creative Commons
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